Reflexion Dominical

LA ASCENCION DEL SEÑOR  

28 Mayo 2017

 

La Ascensión es como el desarrollo del acontecimiento de la Pascua, su plenitud, que todavía "madurará" más con el envío del Espíritu. Pascua, Ascensión y Pentecostés no son unos hechos aislados, sucesivos, que conmemoramos con la oportuna fiesta anual. Son un único y dinámico movimiento de salvación que ha sucedido en Cristo, nuestra Cabeza, y que se nos va comunicando en la celebración pascual de cada año.

 

 

  1. TODOS SOÑAMOS CON ASCENDER

Los seres humanos estamos hechos para ser reconocidos, en nuestra naturaleza está el que se reconozcan las labores que realizamos, no importa que seamos personas que tenemos humildad, muy dentro del ser sencillo, cuando se da una valoración, una buena palabra, motiva a la persona y la impulsa a seguir siendo mejor; no se diga cuando el ascenso se produce con la persona orgullosa, soberbia, aquí la persona arrogante se siente merecedora de lo mejor, se piensa que se habían tardado en valorar todo el talento y las muchas cualidades que ha aportado al grupo, a la empresa o a la institución, de manera que cuando es llamado a ocupar un nuevo rol en determinados grupos, siente que le están haciendo justicia porque es merecedor de los mejores puestos.

 

En nuestra vida ordinaria cada vez que sabemos de alguien que queremos y que le dieron un nuevo puesto, nos alegramos, lo felicitamos porque ya lo subieron de puesto, ya le va a ir mejor, decimos; sentimos que al que alcanzado un puesto más elevado es también una satisfacción para sus amigos, personas cercanas, porque en definitiva todos disfrutaremos de su nuevo rol. Humanamente estamos esperando que lleguen mucho momentos como estos en nuestras familias y con nuestros seres queridos, es parte de los sueños que quisiéramos pronto se cumplieran. Tenemos que reconocer que es bueno querer superarnos, ser mejores, alcanzar nuevas metas, porque en el fondo estamos tratando de vivir los dones que Dios nos ha regalado, que ayudan a la comunidad y a nosotros mismos.

 

 

El ascenso implica la realización de funciones de un nivel superior. Este acceso a un puesto superior es definitivo, quedando el trabajador consolidado en esta posición hasta acabar su relación laboral o hasta el siguiente ascenso. Los convenios colectivos suelen establecer con gran detalle, y también con muchas variantes, los sistemas de ascenso. De entre los sistemas más utilizados, pueden indicarse estos tres: antigüedad, selección por méritos o conocimientos y libre designación del empresario. El primero está pensado para ascensos a puestos de trabajo de poca especialización o dificultad; el segundo, para los cambios definitivos de funciones de mayor cualificación, y el tercero, para cubrir los puestos de confianza en las empresas. Si se realizasen tareas superiores a las del grupo profesional (por un periodo superior a seis meses durante un año o a ocho meses durante dos años), el trabajador podrá reclamar el ascenso, sin perjuicio de reclamar la diferencia salarial correspondiente.

 

Si en la vida ordinaria queremos ascender, hoy meditemos si esta misma hambre de subir la tenemos con Dios, si en verdad queremos alcanzar las cosas del cielo, si tenemos interés en que vivamos con mayor plenitud nuestra tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo. Ojala que las ganas que le ponemos a conseguir nuevos puestos, le pongamos a la causa del Reino de Dios.

 

 

  1. JESUS SIGUE PRESENTE ENTRE NOSOTROS

 

La Ascensión de Jesús al cielo es el momento último de su estancia en la tierra, de su presencia física entre los hombres. Fue muy importante, importantísima, la estancia de Jesús entre nosotros, la vida de Jesús en la tierra, como Verbo encarnado del Padre. Sin esta estancia física de Jesús en la tierra el cristianismo no hubiera sido posible. Jesús es el camino, la verdad y la vida, para que los hombres sepamos cómo llegar a nuestro Padre Dios, mientras vivimos en este mundo, y esto es posible porque vivió físicamente, en forma plenamente humana, entre nosotros. No tendríamos los Evangelios, ni el Nuevo Testamento, si Dios no se hubiera encarnado en Cristo. La presencia física de Cristo entre nosotros es  esencial en nuestra religión cristiana.

 

 Al celebrar esta fiesta de la Ascensión de Jesús al cielo celebramos  el momento en el que Jesús nos dice que ahora comienza nuestro tiempo de vivir el cristianismo sin la presencia física de Jesús entre nosotros. A partir de ahora ya no podemos caminar religiosamente, plantados en la tierra y mirando al cielo. ¿Es que Jesús nos ha dejado huérfanos? No, a partir de ahora los cristianos tendremos que caminar religiosamente dirigidos por la presencia espiritual de Cristo entre nosotros, dirigidos por el Espíritu de Cristo. No olvidemos que después de la fiesta de la Ascensión viene inmediatamente la fiesta de Pentecostés. La Iglesia cristiana no puede celebrar estas dos fiestas como algo separado; a la presencia física de Cristo en la tierra viene, inmediatamente y sin interrupción alguna de tiempo, la presencia espiritual de Cristo en nosotros y entre nosotros. Celebremos, pues, con gozo y agradecidamente, la fiesta de la Ascensión y comencemos a vivir ya desde ahora mismo, con el mismo gozo y agradecimiento, la fiesta de Pentecostés.

 

Jesús se despide, pero sigue presenta en medio de la comunidad. No nos deja solos. Promete y hace realidad la llegada del Espíritu Santo a su Iglesia. Ahora nos pasa a nosotros el testigo, como acurre en las carreras de relevos. Pero El sigue presente también a través de su Palabra. Un portavoz de Jesucristo es el evangelista Lucas, que se comunica con su comunidad, representada aquí por Teófilo, a través de todo el relato de Hechos de los Apóstoles. También hoy Lucas se comunica con nosotros a través de este relato. Nosotros somos los Teófilos a los cuales Lucas habla hoy, y través de Lucas, el mismo Espíritu Santo se comunica con nosotros. ¿Somos hoy una Iglesia que realmente escucha el anuncio que Dios nos transmite?. ¿Somos como Iglesia ese Teófilo a quien Lucas se dirige? El día de su ascensión Jesús vivió un desencuentro de sus discípulos. A pesar de haber abierto sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, ellos siguen pensando que Jesús va a restaurar ahora el Reino de Israel. ¿Existe también hoy un desencuentro entre Jesús resucitado y su Iglesia? ¿Entiende la Iglesia el proyecto del Reino tal como lo predicó Jesús o sigue soñando en proyectos humanos de poder religioso?

 

 

  1. DESDE LA ASUNCION TENEMOS UNA MISIÓN

 

 

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolos a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Con estas palabras termina el evangelio según san Mateo. Cristo, físicamente ya no está entre nosotros; a partir de ahora debemos ser nosotros, la Iglesia de Cristo, los que debemos anunciar y proclamar el evangelio de Cristo, dirigidos siempre por su Espíritu. La Iglesia de Cristo, nosotros los cristianos, somos la presencia viva de Cristo en el mundo, los encargados de predicar el evangelio de Cristo. Repetimos una vez más: Seamos ahora nosotros, los cristianos, fieles continuadores de Cristo, de la presencia física de Cristo, aquí en la tierra. Tenemos la promesa de Cristo de que él no nos abandonará nunca, mientras nosotros seamos fieles a su Espíritu. Con la Ascensión terminó el tiempo de Cristo, de su presencia física de Cristo entre nosotros. Ahora es el tiempo de la Iglesia de Cristo, somos la presencia física de nuestra cabeza espiritual que es Cristo. El Espíritu de Cristo nos inundará, como veremos el domingo próximo, en la fiesta de Pentecostés.

 

No debemos quedarnos "ahí plantados mirando al cielo". Necesitamos volver a la ciudad, al trabajo..., pero siendo sus testigos aquí y allá, en medios eclesiales y fuera de ellos. Que "la memoria de Jesús" no sea nostalgia ni simple recuerdo, sentimiento intimista inoperante, intrascendente, sino impulso de seguirle hacia los hombres, hacia el Reino, hacia el Padre. San Agustín decía que la necesidad de obrar seguirá en la tierra, pero el deseo de la ascensión ha de estar en el cielo: "aquí la esperanza, allí la realidad". Con frecuencia se ha acusado a los cristianos de desentenderse de los asuntos de este mundo, mirando sólo hacia el cielo. No podemos vivir una fe desencarnada de la vida. La Iglesia somos todos los bautizados, luego todos debemos implicarnos en la defensa de cosas tan importantes como la defensa de la vida, de la dignidad del ser humano, de la justicia y de la paz.

 

 

UNA FRASE: “Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas”. Miguel de Cervantes