Reflexión Dominical

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA  23 Abril 2017

 

En este segundo domingo de Pascua, la iglesia nos invita a celebrar la divina misericordia del Señor, es una fiesta reciente que pretende guiarnos para poder vivir la misericordia del Resucitado, es la invitación constante a entrar en el corazón lleno de amor de nuestro Dios. Esta fiesta que celebramos desde Juan Pablo II también nos ayuda a ganar la indulgencia plenaria. Durante las apariciones del Señor de la Divina Misericordia a Santa Faustina, Cristo aseguró varias gracias a los que se acercaran a su misericordia. “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores… El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas… Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata”, dijo el Señor en una promesa que hizo a Santa Faustina Kowalska en una de las apariciones místicas que le concedió.

 

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina. “O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, ‘Jesús misericordioso, confío en ti’)”, dice el texto del decreto. Asimismo se concede indulgencia parcial “al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.

 

 

  1. VIVIR LA MISERICORDIA DE FORMA CONSTANTE

La primera lectura  del libro de los hechos de los apóstoles inició con las siguientes palabras: “TODOS LOS QUE HABIAN SIDO BAUTIZADOS, ERAN CONSTANTES EN….”.

 

Para todos nosotros los cristianos es una bendición poder contar con la misericordia del Señor, es el motivo por el que nos sentimos amados, aceptados, recibidos con todos nuestros valores y debilidades, en los mejores momentos de la vida y también en las caídas más delicadas que hayamos tenido, aunque nosotros estemos cambiando de vida, jugando entre la cercanía de Dios y su distanciamientos, entre seguir la Cristo resucitado y abandonarlo para irnos tras otros dioses que nos llevan al fracaso; recordemos que Dios sigue siendo el mismo, que nunca nos deja, que ha dado la vida por nosotros y se la ha tomado en serio para que tengamos una vida nueva, diferente, sabemos que siempre Dios va a estar de nuestro lado y jamás nos va a abandonar, es por eso que debemos de tratar de  experimentar de la mejor manera la misericordia del Señor,  aunque pasemos por todo tipo de experiencias, muchas veces entre duda y confusiones, entre caídas y levantadas, pero nos debe quedar claro que DIOS ES EL MISMO AYER, HOY Y SIEMPRE (Heb 13,8). Dios es constante y perseverante con nosotros, ahí está nuestra tarea, es el objetivo que debemos alcanzar todos.

 

Analicemos la siguiente historia:

 

Un sultán decidió hacer un viaje en barco con algunos de sus mejores cortesanos. Se embarcaron en el puerto de Duba y zarparon en dirección al mar abierto. Entretanto, en cuanto el navío se alejó de tierra, uno de los súbditos - que jamás había visto el mar, y había pasado la mayor parte de su vida en las montañas - comenzó a tener un ataque de pánico: sentado en la bodega de la nave lloraba, gritaba y se negaba a comer o a dormir. Todos procuraban calmarlo, diciéndole que el viaje no era tan peligroso, pero aunque las palabras llegasen a sus oídos no llegaban a su corazón. El sultán no sabía qué hacer, y el hermoso viaje por aguas tranquilas y cielo azul se transformó en un tormento para los pasajeros y la tripulación. Pasaron dos días sin que nadie pudiese dormir con los gritos del hombre. El sultán ya estaba a punto de mandar volver al puerto cuando uno de sus ministros, conocido por su sabiduría, se le aproximó:

- Si Su Alteza me da permiso, yo conseguiré calmarlo.

Sin dudar un instante, el sultán le respondió que no solo se permitía, sino que sería recompensado si consiguiera solucionar el problema. El sabio entonces pidió que tirasen al hombre al mar. En el momento, contentos de que esa pesadilla fuera a terminar, un grupo de tripulantes agarró al hombre que se debatía en la bodega y lo tiraron al agua.

 

El cortesano comenzó a debatirse, se hundió, tragó agua salada, volvió a la superficie, gritó más fuerte aún, se volvió a hundir y de nuevo consiguió reflotar. En ese momento, el ministro pidió que lo alzasen nuevamente hasta la cubierta del barco. A partir de aquel episodio, nadie volvió a escuchar jamás cualquier queja del hombre, que pasó el resto del viaje en silencio, llegando incluso a comentar con uno de los pasajeros que nunca había visto nada tan bello como el cielo y el mar unidos en el horizonte. El viaje - que antes era un tormento para todos los que se encontraban en el barco - se transformó en una experiencia de armonía y tranquilidad.

 

Poco antes de regresar al puerto, el Sultán fue a buscar al ministro:

-¿Cómo podías adivinar qué arrojando a aquel pobre hombre al mar se calmaría?

- Por causa de mi matrimonio - respondió el ministro. Yo vivía aterrorizado con la idea de perder a mi mujer, y mis celos eran tan grandes que no paraba de llorar y gritar como este hombre. Un día ella no aguantó más y me abandonó, y yo pude sentir lo terrible que sería la vida sin ella. Solo regresó después de que le prometí que jamás volvería a atormentarla con mis miedos.

 

De la misma manera, este hombre jamás había probado el agua salada y jamás se había dado cuenta de la agonía de un hombre a punto de ahogarse. Después que conoció eso, entendió perfectamente lo maravilloso que es sentir las tablas del barco bajo sus pies. Sabia actitud - comentó el sultán. - Está escrito en un libro sagrado de los cristianos, la Biblia: "todo aquello que yo más temía, terminó sucediendo". Ciertas personas solo consiguen valorar lo que tienen cuando experimentan la sensación de su pérdida”.

 

 

  1. DESDE LA MISERICORDIA NUESTRO RETO ES VIVIR LA COMUNIÓN

 

Ante un ambiente cultural marcado por el individualismo, donde dominan los interese personales antes que los comunitarios, en este contexto donde la realidad muchas veces la vemos en tomas de decisiones pensando cada quien en su santo, cada quien viendo por su bien; también afortunadamente vamos encontrando muchas personas que intentan cambiar la historia, que luchan por construir este mundo con un ambiente de ayuda mutua, de entrega a los demás, que viven volcados hacia la comunidad y se entregan a ella sin medida, es aquí donde el texto de este domingo es luz para nuestras vidas. Es en la comunidad donde la misericordia de Dios es eterna.

 

El Libro de los Hechos, que proclamamos hoy, frecuentemente se utiliza como una descripción histórica de la primera comunidad cristiana.  Lucas  quiere mostrar cuál es la comunidad cristiana ideal, a dónde ha de tender todo grupo cristiano en la convivencia y cómo ha de repercutir la fe en los aspectos materiales y económicos. Lo cual sería, por otra parte, el mismo mensaje que se desprendería del posible hecho histórico. El contenido sigue siendo el mismo. Pero no nos desanimemos ante la situación actual de las comunidades, pensando que no hemos hecho sino ir hacia atrás. Más bien pretendamos acercarnos a esta meta: conseguir la comunidad de amor, comunidad de vida y comunidad de bienes. Vivir unidos en la oración y en la celebración de la Eucaristía (fracción del pan).

 

La fe en Jesús vivo y resucitado consiste en reconocer su presencia en la comunidad de los creyentes, que es el lugar natural donde él se manifiesta y de donde irradia su amor. Tomás representa la figura de aquél que no hace caso del testimonio de la comunidad ni percibe los signos de la nueva vida que en ella se manifiestan. En lugar de integrarse y participar de la misma experiencia, pretende obtener una demostración particular. No quiere aceptar que Jesús vive realmente y que la señal tangible de ello es la comunidad transformada en la que ahora se encuentra. La comunidad transformada es ahora lo importante: ella es el medio que las generaciones posteriores tendrán para saber que Jesús vive realmente.

 

 

  1. LA MISERICORDIA NOS LLEVA A RENACER A UNA VIDA NUEVA, ALEGRE

 

Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Uno se alegra al ver de nuevo a alguien al que amamos,  en el que confiamos. Uno se alegra,  si creíamos que le habíamos perdido, o porque creíamos que él había dejado de amarnos, y, de pronto, le tenemos ahí, delante de nosotros, diciéndonos de mil maneras que sigue amándonos, que él nunca nos había olvidado, que nos trasmite una vez más, de nuevo, su paz, su espíritu, su presencia confortadora y protectora. Esto es lo que les pasó a los discípulos de Jesús.

 

Se habían quedado desconcertados y llenos de dudas cuando vieron que sus enemigos, las autoridades judías y romanas le habían matado, habían terminado con él. Ahora ellos mismos le ven se llenan de alegría, porque vuelven a creer en él, a confiar en él, a recibir su paz y su espíritu. Sí, es la fe en Jesús la que les llena de alegría, la que les da paz, confianza, fuerza y valor para seguir viviendo como auténticos creyentes.

 

Es posible que todos nosotros, en estos momentos, tengamos dentro de nosotros a algún Tomás. ¿Nuestra fe en Cristo nos hace alegres y valientes, llenos del espíritu del Jesús muerto y resucitado de entre los muertos? Con el termómetro de nuestra alegría y de nuestra paz interior y espiritual examinemos nuestra fe en Jesús.