Reflexion Dominical

25 de JUNIO DEL 2017 XII DOMINGO ORDINARIO

PASAR DEL ESTADO DE MIEDO A LA CONFIANZA TOTAL EN DIOS

 

Nuestro mundo está lleno de muchas cosas buenas y también de desafíos, contamos hoy con tantas maravillas que puede ser que nos volvamos ciegos, insensibles, insatisfechos por tantas bondades; ¿cómo disfrutar de todo para poder superar los  miedos?  Las tres lecturas de este domingo nos enseñan que la confianza en Dios es fuente de paz interior. Quien sabe que Dios no le va a abandonar nunca, pase lo que pase, no pierde la paz interior por las amenazas o los problemas y males físicos que tenga que soportar.

 

 

  1. NO TENGAN MIEDO A LOS QUE MATAN EL CUERPO

 

Todos sabemos que el miedo es lo peor que nos pueda pasar. Y casi siempre responde a cuestiones poco claras. Jesús lo dice. Y fue enorme el impacto de esa frase: “No tengáis miedo” así  San Juan Pablo II, inició su fecundo pontificado y la siguió repitiéndola hasta su muerte. El miedo no es cristiano. Y en el mensaje de Jesucristo sobre la ausencia de temor hacia quienes matan el cuerpo y la importancia de perseverar en la vida del alma, está el misterio profundo que lleva a los mártires a morir con alegría. Es posible que hoy nos parezca un poco lejano y obsoleto el tema de martirio, pero se sigue repitiendo. La cercanía de Jesús quita los miedos y hay que llevar este mensaje a los demás, pues vivimos en un mundo lleno de temores un tanto irracionales. La vida cristiana es un buen antídoto contra los miedos. El hombre de fe está constantemente examinando su conciencia, intentando valorar con honradez sus actuaciones. Y ello añade objetividad y evita autoengaño. Tal vez sea ese el descubrimiento de algún converso: la objetividad que añade el seguimiento de Jesús a nuestras vidas.

 

Meditemos en la historia anécdota: “George Bush, sucesor de Ronald Reagan, refirió en cierta ocasión un viejo recuerdo de sus viajes a Moscú. "Quiero contarles una anécdota de la que fui testigo hace muchos años, cuando asistía a los funerales por el líder soviético Breznev. La ceremonia se estaba desarrollando con tal precisión militar que se tenía una sensación de vacío y de frialdad. Soldados marchando, cascos metálicos y la habitual retórica marxista; ninguna oración o himno de consuelo, ninguna referencia al nombre de Dios. Los dirigentes soviéticos habían ocupado sus lugares en las murallas del Kremlin, mientras la familia del difunto escoltaba silenciosamente el féretro hasta su última morada. Desde mi sitio, pude ver a la señora Breznev acercarse al ataúd para darle su última despedida y, allí, en el corazón frío y gris de ese estado totalitario, ella depositó, entonces, un crucifijo sobre el pecho de su marido. Me quedé impresionado. Ese sencillo gesto me hizo comprender que decenios o siglos de leyes antirreligiosas no pueden destruir jamás la fe y la fuerza interior en el corazón de todos los hombres". 

 

 

  1. TEMAN A QUIEN LOS PUEDA ARROJAR AL LUGAR DEL CASTIGO EL ALMA Y EL CUERPO

 

Tenemos muchos ejemplos de personas que han hecho de su confianza  su estilo de vida en Dios que les permitió vencer espiritualmente todas las amenazas y males del cuerpo. Empezando, por supuesto, por el mismo nuestro Señor Jesucristo y siguiendo por tantos santos y personas anónimas que supieron mantener la paz en medio de los mayores males y amenazas físicas. Pensemos cada uno de nosotros en aquellas personas conocidas nuestras, padres, abuelos, familiares, que física y corporalmente sufrieron mucho, pero que interiormente no perdieron nunca la paz interior, gracias a su profunda confianza en Dios.

 

Hoy, en este domingo, nos bastará con pensar en el ejemplo de Cristo, del profeta Jeremías y de san Pablo. Cristo vino al mundo para cumplir la voluntad de su Padre y en el mismo Huerto de los Olivos, en medio de los mayores temores y del presentimiento de una muerte cruel e inmediata, no sólo no perdió la paz, sino que gritó a su Padre con profunda fe y confianza en Él: no se haga mi voluntad, sino la tuya. El profundo amor y la profunda confianza con que Cristo estaba íntimamente unido a su Padre le permitió vivir, padecer y morir en la paz de un hijo que sabe que su padre está siempre a su lado, ayudándole. Pidamos nosotros a Dios, en este domingo, no perder nunca la paz interior, fruto de nuestra profunda confianza en un Dios Padre que se “pondrá siempre de nuestra parte ante su Padre del cielo”.

 

No nos importe el ser mal vistos por nuestra fe. No nos importe el ser "raros" y no estar "al día del mundo". Lo grave es no estar con Dios, con su voluntad y con su justicia. Esta advertencia de Jesús tiene hoy también mucha actualidad.

 

Queremos no escandalizar. Queremos  ser aceptados y nos olvidamos de que, comenzando por nosotros mismos, el mensaje de Dios no lo aceptamos. Es hora de que meditemos en serio sobre aquello de que "prefirieron las tinieblas a la luz". Hemos insistido en nuestra predicación y en nuestra actitud de creyentes sobre el peligro de la carne y sobre el peligro del tentador. Nos falta añadir e insistir sobre el peligro del mundo que desde dentro y desde fuera pretende trivializar el mensaje de Cristo y nos introduce a pactos de comodidad, de sensualidad, de transigencia, aunque lo disfracemos con excusas como la de "estar al día", "ser humanos", "compartir las necesidades de los demás".

 

Estas medias verdades son muy peligrosas y nos llevan a dimitir nuestra misión profética, a no dar testimonio de la verdad de Cristo en un mundo que lo ha crucificado y lo sigue crucificando "fuera de las puertas de la ciudad".

 

 

  1. QUIEN ME RECONOZCA ANTE LOS HOMBRES, YO TAMBIÉN LOS RECONOCERÉ

 

El Maestro les recuerda también que Dios Padre vela por ellos, y que nada les ocurrirá que no sea permitido por Él. Por tanto, han de actuar con libertad y franqueza, independientes y seguros, sabiendo que Dios está de su parte, y que es Él quien los envía a predicar el Evangelio. Con esa decisión no habrá obstáculo que no puedan superar, dificultad que no lleguen a vencer.

 

Este talante de optimismo y audacia los llevó a todos los caminos de la tierra, sin complejos ni temores. Era tal su empuje y su entusiasmo que la siembra de la Palabra era cada vez más ancha. Pronto no habría país donde el cristianismo no hubiera llegado. El imperio romano, que alcanzaba prácticamente los límites del mundo, se vio inundado por aquella doctrina que hablaba de amor a Dios y al prójimo.

 

Hoy las palabras de Cristo siguen urgiendo a los que le hemos seguido, hoy también nos pide Dios la audacia de confiar en su poder. Es cierto que la siembra está iniciada, pero aún queda mucho por hacer, y nadie puede quedar mano sobre mano en la gran tarea de anunciar el Reino. Hemos de ser testigos del Evangelio, confesar a Jesucristo delante de los hombres. Sólo así nos confesará Él ante el Padre cuando llegue el momento de comparecer ante el tribunal divino.

 

El caso de Jeremías y la exhortación de Cristo ofrecen situaciones límite. Vivir la fe no es fácil. El existir cristiano en el nivel personal, familiar, laboral y relacional lo demuestra a cada momento. Perseverar en un comportamiento moral coherente es difícil. Las pasiones ya dificultan el desarrollo de la fe; también juega un papel importante el miedo al ambiente. Todos conocemos la importancia de la presión social y más todavía en un mundo masificado por la propaganda.

 

 

UNA FRASE: “Si nos atrevemos a creer en la vida eterna, a vivir para la vida eterna, veremos cómo la vida se torna más rica, más grande, libre y dilatada”.

 

Joseph Ratzinger