Reflexion Dominical

XX HAGAMOS NUESTRA LA SALVACION QUE NOS OFRECE CRISTO 20 Ag 2017

Jesús predicaba y actuaba normalmente sólo en territorio de Israel, aunque a veces se acercó a las fronteras de los países paganos. Esta vez entra en territorio fenicio, al norte de Galilea, en el actual Líbano, hace un milagro a favor de una mujer extranjera y además alaba delante de toda su fe. Es el aspecto que ya se anticipa en la primera lectura, con el anuncio pro­fético de que también los extranjeros pueden acudir al Templo y obtener los favores de Dios.

 

  1. VELEN POR LOS DERECHOS DE LOS DEMAS

Meditemos la siguiente historia. “Cuando era joven, Abel escuchó una conversación de su padre con un anciano. "Cuidado con tus obras" dijo el anciano: "Piensa en lo que las generaciones futuras dirán de ti". "¡Y qué!" respondió el padre. "Cuando yo me muera, todo estará acabado y no me importa lo que dirán",

Abel jamás olvidó esa conversación. Durante toda su vida se esforzó para hacer el bien, ayudar a las personas a ejecutar su trabajo con entusiasmo. Se volvió un hombre conocido por su preocupación por los demás; al morir había dejado un gran número de obras que mejoraron el nivel de vida de su ciudad. En su tumba mandó grabar el siguiente epitafio:

"Una vida que termina con la muerte, es una vida que no valió la pena".

Al contrario de la historia que hemos escuchado el hombre vive ensimismado, les cuesta trabajo salir de sí mismo. Defiende su libertad, y ve como una amenaza cuando lo quieren atar y sujetar. Por eso hay en algunos sectores de la sociedad una especie de fobia a cuanto signifique derecho, orden preconcebido. Vivimos en el tiempo donde los derechos humanos están a flor de piel y son aspectos que por una parte nos muestran un deseo vivo de justicia. Tanto que ha venido a ser el motor que mueve todos los campos, sea el político, el social, el cultural, o el religioso.

Los derechos humanos han provocado muchas contradicciones, una de esas extrañas paradojas que suelen darse en la vida de los hombres. Porque es evidente que para que haya justicia ha de existir un derecho que regule las relaciones de los hombres, una norma que encauce y señale las respectivas obligaciones y los correspondientes derechos. Sin una ley, los hombres, está clarísimo, se convierten en unos "sin ley". Vivimos en ambientes donde la ley es para los débiles, los de la orilla, para quienes menos cuentan en la sociedad; o también que las mencionadas organizaciones de derechos humanos defienden más a los dañan los derechos que a quienes sufren las injusticias.

 

Tomemos en serio la invitación que nos hace el profeta Isaías: “velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia”, pensemos que los derechos son para todos, que Dios se nos ha dado a todos los hombres y está a favor de todos los hombres, no sólo de unos cuantos privilegiados, porque su salvación es una invitación para todos los hijos de Dios. A nosotros nos corresponde desde la fe, ser promotores de los valores, darles un verdadero sentido a las palabras y nos dejarnos conducir por los intereses de unos cuantos, tomando las cosas a nuestra conveniencia. Que bien haremos a la humanidad si respetamos los derechos de los demás, si cuidamos que se respeten nuestros derechos y los de los otros.

 

  1. MI SALVACION ESTA A PUNTO DE LLEGAR

Dios no tiene límites, ni lo podemos encerrar en un determinado lugar o con cierto tipo de personas, muchas veces los hombres lo hemos intentado y siempre hemos fallado, porque Dios va más allá de nosotros mismos, de nuestros límites o de los condicionamientos que le queramos poner. A nuestro Padre no le podemos poner candados, su acción llena de amor va más allá de cualquier pensamiento. Por eso ante Dios nadie es extranjero, nadie es de Dios por el simple hecho de ser judío. Los que se conviertan al Señor deben guardar su alianza, así podrán alegrarse “en mi casa de oración”. Eso debe ser también para nosotros el templo, nuestros templos, casas de oración donde podemos alegrarnos “hablando con Dios como quien habla con un amigo”.

Isaías proclama la universalidad de la salvación aplicada a los casos concretos. Tales son los eunucos, árboles secos, que recibirán un nombre o dignidad personal en la casa de Dios superior al que pudieran haber alcanzado con numerosa prole. Ya había dicho el maestro que los caminos de Yahvé eran opuestos a los de los hombres. También ellos tendrían su puesto de honor. Los extranjeros, criticados por Ezequiel de encontrarse entre los que servían al templo, son ahora igualmente justificados. Podrán servir a Yahvé en el templo. Condición única es guardar el sábado y formar parte de la Alianza adhiriéndose firmemente a ella. A cambio podrán ofrecer sacrificios y holocaustos. El universalismo no puede ser mayor.

 

La razón que se da de este universalismo cúltico y consiguientemente salvífico es "porque mi casa será llamada casa de oración". La frase se quedará estereotipada en la tradición judeocristiana. Todavía hoy se encuentra escrita en el frontispicio de muchas sinagogas. ¡Qué pena que nosotros la hayamos cambiado por "casa del pueblo" jugando con términos equívocos y ajenos a la tradición bíblica! Jesús recordará este pasaje cuando expulse a los cambistas, a los que allí se encontraban no para orar. Ir a la casa de Dios, a la casa de oración o compenetración divino-humana, arquitectónicamente visible como signo de interioridad, de fe y de unidad, es unirnos cada día más vivencialmente al Cristo total, que es la Iglesia en sus miembros más necesitados.

 

Pocas veces vemos a Jesús traspasar las fronteras de Galilea o de Judea. En esta ocasión se encuentra en Tiro y Sidón, ciudades costeras del mediterráneo al norte de Israel, en el actual Líbano. Sus habitantes son llamados "cananeos". El evangelista sitúa la acción después del duro ataque de Jesús a los letrados y fariseos. Estos habían cuestionado a Jesús por qué sus discípulos no se lavan las manos antes de comer. Jesús les llama hipócritas porque dicen que cumplen la ley, pero lo hacen sólo por el interés. Muchos de sus preceptos son leyes humanas que no hay que absolutizar. Pero lo peor de todo es cuando se olvida el espíritu de la ley y se justifican actitudes antihumanas y anticristianas. Jesús sin duda escandalizó a los fariseos al poner en evidencia sus hipocresías, pues es lo que sale del corazón, las malas ideas, el deseo de apropiarse de los bienes ajenos, el odio, las rencillas, lo que mancha al hombre. Podemos interpretar que este viaje por Tiro y Sidón es un gesto significativo con el que Jesús trata de demostrar que la salvación no está restringida a ningún pueblo, ni ninguna raza. Es para todo aquél que acepta su Palabra.

 

 

  1. LOS LLENARÉ DE ALEGRIA

La salvación es la mayor de todas las alegrías, el gozo de los gozos que nunca terminará, está ligada, a una actitud que hay que tomar y no depende, en primer lugar, de la pertenencia a una nación. Lo fundamental es practicar el derecho y la justicia. Y esto lo pueden hacer también los extranjeros, que se transforman así en siervos del Señor y pueden observar el sábado y vincularse a la Alianza.

Necesitamos tomar el camino de la alegría, ser conducidos así en la vida, para poder acceder a la montaña santa del Señor. De esta manera seremos felices en la casa de oración y sus holocaustos y sacrificios serán aceptados. La afirmación es importante. Es una ruptura con todo lo que pueda ser nacionalismo de la salvación y pretensión de monopolizar la Alianza y la oración. El autor pone en boca del Señor: "Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos".

Seremos más felices si superamos las pruebas, si dejamos de darle importancia a ciertos desprecios, comentarios o situaciones que les damos importancia y nos ahogamos en un vaso de agua.  No nos iría nada mal tener la tozudez de la mujer cananea: supera el silencio de Jesús, después su negativa y su aparente desprecio.

¿No encontramos en la conducta de Jesús una confirmación de nuestra experiencia? ¿Cuántas veces nuestras oraciones han sido aparentemente estériles y sin respuesta? El final del texto nos enseña que Dios siempre acaba escuchando a los que insisten con una confianza total. ¿Tenemos claras, al menos, las ideas? ¿Cómo es nuestra perseverancia?

 

UNA FRASE: “Sonríe, aunque sólo sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír.

 

Anónimo