Reflexión Dominical

4º Cuaresma   DEJAR LAS TINIEBLAS PARA ENTRAR EN LA LUZ  26 Marzo 2017

 

Este  domingo IV de Cuaresma es muy importante, porque es el domingo "Laetare"  (alegría) que anuncia la proximidad de la Pascua, ya  pasamos la mitad de la Cuarentena; es el segundo domingo de escrutinios, que nos ayuda a poder hacer un examen de cómo va nuestro camino de conversión durante la cuaresma, por eso pretende ser un examen interior y renovador que todos estamos llamados a realizar. Es el domingo "luminoso": las lecturas  ambientan la celebración en un tono pre-pascual.

 

 

 

  1. NOS DEJAMOS LLEVAR POR LAS APARIENCIAS

 

La primera lectura de Samuel nos presenta la elección de David, en el pasaje de este domingo nos centramos en el mundo de las apariencias, porque vivimos un ambiente lleno de confusiones, nos pasa constantemente como a Samuel que creemos que ya encontramos la respuesta, que ya sabemos que va a pasar, de antemano hacemos nosotros nuestro juicio y olvidamos que la última palabra la tiene Dios. Es por eso que los invito a que analicemos el mundo de las apariencias que constantemente llega a nuestra vida.

 

Me llamó la atención algo que leí en el periódico la vanguardia a propósito de las apariencias, nos narra el siguiente episodio: “Imagine la siguiente escena. Un hombre no tan guapo que llega a su casa a remodelar algo, se siente flechado. Tiene un puesto de trabajo basado en ese oficio. Y es posible que no le llame mucho la atención. El hombre, que ve poco interés de su parte, decide comenzar la operación conquista, dejando a un lado su uniforme de oficios varios y eligiendo algunas prendas formales y elegantes. Imagínelo ahora vestido todo de negro, con un traje impecable.

 

Aquel joven decide ir a una rentar un  BMW, negro también, que luzca de maravilla con su nuevo atuendo. Y empieza su misión: Seguir a la mujer, subido en su BMW y hacer que los destinos se crucen. Ella, deslumbrada por su apariencia, no solo acepta de manera cordial las disculpas del hombre que estuvo a punto de atropellarla, sino que decide subirse con él en el vehículo, disfrutar una deliciosa cena y dejarse cautivar a punta de atenciones.

 

El hombre logra su propósito, conquistarla con actos de caballerosidad hasta lograr la seducción. Al día siguiente, la mujer vuelve a encontrarse con aquel hombre, pero ya luciendo su uniforme y en su rol de oficios varios. La cara de sorpresa es inevitable”.

 

La historia de este joven que conquista a una chica la podemos aplicar a otras muchas situaciones de la vida donde nos dejamos llevar por las apariencias, sólo al ver a una persona nos hacemos un juicio de ella, como si tuviéramos el don de conocimiento completo total; aspecto que nos ha enseñado en cuantos errores vamos cayendo por nuestro juicios equivocados, por juzgar a las personas sin conocerlas bien.

 

 

Para Dios no valen nada las apariencias. Lo único realmente valioso es lo que el hombre lleva dentro, lo que piensa, lo que intenta, lo que realmente es. Lo demás no sirve para nada. A lo más valdrá para engañar a los hombres, pero de ninguna manera para engañar a Dios.

 

 

  1. ES HORA DE DESPERTAR, DE LEVANTARSE PORQUE CRISTO SERÁ TU LUZ

 

La Cuaresma va avanzando, nos estamos consolidando en las diferentes prácticas que realizamos, tenemos frente a nosotros  propósitos de mejorar, estamos haciendo algún sacrificio que nos lleve a superarnos, algunas prácticas de piedad y de evangelización han estado tocando nuestro corazón con la finalidad de lograr la conversión. Podemos afirmar que vamos caminando, es necesario no dormirnos en nuestros laureles, seguir dejando nuestro estado de confort para vivir a la luz de Cristo Resucitado que es quien nos dará la verdadera alegría.

 

Como ya llevamos algunos días de cuaresma y estamos a la mitad, nos puede ganar la comodidad de pensar que ya fue suficiente, puede entrar en nosotros un estado de aletargamiento, sueño, apatía y así regresemos a hacer lo mismo, pensando que de nada nos ha servido. Por eso es bueno considerar la advertencia de Pablo a la comunidad de Efeso, despierten, no se duerman, es hora de levantarse para poder seguir el camino del Señor, es oportunidad de poder estar con quien nos da la salvación y nos ofrece lo mejor de la vida.

 

 

La segunda lectura dice: “en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz”, (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz). Estas palabras que dice san Pablo a los cristianos de Éfeso debemos aplicarlas cada uno de nosotros. Cristo es  la única luz segura y verdadera; la luz de Cristo debe ser la principal luz que nos guíe en nuestros pensamientos, palabras y obras. Y, puesto que toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz de Cristo, tratemos de actuar siempre  con bondad, justicia y verdad. Esto es algo muy difícil de conseguir, pero tenemos la obligación cristiana de intentar conseguirlo siempre. Esta debe ser una característica que nos identifique como verdaderos cristianos.

 

Sólo podemos salir de la oscuridad si reconocemos nuestra ceguera y acudimos a Cristo, "luz del mundo". Jesús viene a iluminar nuestra ceguera espiritual. Este es el mensaje del evangelio del ciego de nacimiento. El autor sagrado parte del principio de que nuestra vida es un camino. Para caminar necesitamos en primer lugar ver por dónde queremos ir. Solo Jesús puede iluminar nuestro camino y quitar la ceguera de nuestro corazón. Para ver de verdad, hay que creer en EL. Por eso, hay que estar abiertos a la luz de la verdad, que es Cristo, y no cegarnos en nuestra soberbia. Debemos aceptar a Jesucristo, aceptar su amistad y su amor, aceptar la verdad de sus palabras y creer en sus promesas; reconocer que su enseñanza nos conducirá a la felicidad y, finalmente, a la vida eterna.

 

Cristo-luz continúa realizando hoy, en la Iglesia, esa iluminación a los hombres, conduciéndolos de las tinieblas a la luz, por medio del baño de regeneración, no como una simple iluminación externa, sino otorgándoles el resplandor de "hijos de adopción": una nueva vida (conviene recordar el tema de la transfiguración). El Hombre nuevo Jesucristo, nos comunica su novedad. El canto litúrgico que san Pablo recoge en la segunda lectura de hoy dice exactamente esto: "Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz". Los cristianos son luz, como Cristo es luz, viviendo entre los hombres, para iluminarlos. El bautismo es "iluminación".

 

 

 

  1. EN CRISTO HOY SOMOS LUZ, ¿CÓMO LOGRARLO?

 

¿Quién de nosotros no ha vivido en tinieblas,  está ciego? Somos ciegos cuando andamos perdidos en las tinieblas del pecado, cuando nos cerramos a los demás, cuando nos fijamos en las apariencias sin darnos cuenta, como afirma el Principito, que sólo se ve bien con el corazón.

 

La narración del ciego de nacimiento conduce a "examinar" las zonas de nuestra vida que se resisten a la "iluminación" bautismal y permanecen más o menos tenebrosas. Las dificultades que rodean al ciego en su experiencia de iluminado son, por otro lado, indicativas de situaciones paralelas en nuestras vidas: el cristiano se encuentra fácilmente con reacciones de admiración, de contradicción, de exclusión, de interrogación, incluso de desconocimiento ("No es él, pero se le parece"). Hace falta toda la convicción de la fe para mantener el testimonio, y únicamente dejándonos iluminar más y más por el Señor conseguiremos llevar una vida luminosa.

 

Esta luz es frágil, también en nuestros tiempos. La Cuaresma es el tiempo propicio para alimentarla: con la Palabra de Dios, con la contemplación personal, con los sacramentos de la Eucaristía y de Penitencia.

 

Hoy se nos invita  a tomar posiciones. ¿Estamos del lado de las tinieblas o de la luz? ¿Al lado de Jesús o en su contra? Como a los dos ladrones que serán clavados a la izquierda y a la derecha de Jesús, en medio de la ceguera física de un hombre, el Señor ofrece lo que tiene. Unos, los más pobres, lo descubrieron pronto. Otros, los más sabios, intentaron por todos los medios silenciarlo.

 

 

UNA FRASE: “Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú.

Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú.

Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú.

Sé tú el que aparta la piedra del camino.

 

Gabriela Mistral